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Creo que la verdadera respuesta es el
amor, que es unidad y vida inmortal y no puede separarse ni nombrarse, por lo
tanto no tiene nada que perder ni nada que temer.
¿Será esta la verdad?
¿Será el amor, la fuente y esencia de toda nuestra creación? Entonces, ¿por qué
todos habitamos en un lugar desconocido desde siempre?
¿Por qué seguimos
buscando un cielo mejor? ¿Algo o alguien que esté del otro lado?
¿O un amor que no sea total,
un corazón ajeno que no late y que, sin embargo, deseamos que fluya y viva en
nuestra sangre?
¿Por qué seguimos
aferrados a las cosas que nos separan del centro de nuestra vida?
¿Cuándo y donde
perdemos el principio? Corrimos ansiosos por conocer un final infinito. ¡Que
contradicción!
Porque ese final…
¿existe en realidad?
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