sábado, 7 de septiembre de 2013



Por todo lo que compartimos, los momentos que vivimos 
Nada nos va a separar...  
Porque se abrieron los caminos, desde el día en que elegimos 
ir a ver que hay más allá ...
No es un adiós, crecer los dos, es solo dar un paso más 
Y por eso no te digo adiós , nunca mas 


Fernando Javier Soto
(8 de septiembre de 1970 – 15 de marzo de 2013)

Tantas cosas para decir en tan poco tiempo.
Todavía me cuesta creer que ya no estás más con nosotros. Me es inevitable no pensar que aparecerás con el auto retirándome de la escuela, caminando entre el bullicio de la gente sonriéndome, esperándome en la puerta de alguna librería para comprarme algún libro, o en la puerta de casa listo para llevarme al cine o a tomar un helado… Es como si te hubieras ido de viaje, a algún lado a pescar cómo te gustaba, solo que no volverás. Ya no.
Ya pasaron casi seis meses, y hoy es un día especial. Cumplirías 43 años, y no estas acá para festejarlo con nosotros, como siempre. No más cartas para entregarte personalmente, no más regalos que hacerte para que no te enojes conmigo ni que hagas sentir culpable de que nunca te compro nada.
Me vienen a la mente tantos recuerdos, y me duele pensar que ya no habrá más como esas. ¿Todas esas veces que me has salvado la vida? ¿Cuándo tuve varicela, cada vez que cruzamos las calles…? Te dije que tendré toda la vida para devolvértelas. Y juro que voy a cumplir esa promesa.
¿Y todas esas vacaciones de invierno y de verano en San Bernardo? Cada vez que dormía, como siempre eran ustedes los que se levantaban antes que yo, te aprovechabas y me sacabas fotos con alguna que otra botella de vino… siempre decías que no fuiste vos, pero yo siempre lo supe.
¿Y las películas acostados en la cama? Nunca miro películas de acción. No son de mi estilo… pero hice una excepción. ¿Qué hay de Batman, James Bond, Sherlock Holmes, Rápido y Furioso…? ¿Qué hay de las películas de comedia romántica que me gustan a mí? Yo sé que te quedabas dormido, pero gracias por hacer el intento. Ya no sé con quién ver las películas ahora.
Si miro para atrás, diría que en todos mis recuerdos estás vos. Te veía todos los días. Me venías a buscar para ir al colegio, y antes almorzaba con vos, el tío Gustavo y los abuelos, cuando la abuela me cuidaba toda la tarde.
Me escondías los paquetes de figuritas por todas partes, hasta en una caja de chocolatines… siempre me era difícil, porque la el último lo tenías bien escondido.
Me ganabas en todos los partidos del chinchón y siempre te salían los solitarios, yo no sé cómo hacías. Pero por suerte, yo pude ganarte en algún que otra jugada de dados.
¿Y la garra? Ese fue un juego que solo nosotros dos entendíamos. Era nuestro idioma. Desde chiquita me lo inculcaste, y yo me he reído cada vez que jugábamos. Extraño esto también.
Hace un tiempo discutías con mamá sobre que eras menor que ella, y ella te decía que no, porque por meses tenían una diferencia de edad. Y ahora, para siempre, quedarás menor.
Eras el único que estaba dispuesto a enseñarme a manejar, ahora tendré que aprender por mí misma.
No puedo decirte que no me haces falta, porque estaría mintiendo. No soporto levantarme cada día sabiendo que no voy a escuchar tu voz ni sentir tus abrazos. No puedo estar bien cuando no voy a verte todas las mañanas a las siete listo para llevarme al colegio.
Todos los días intento ser fuerte, pero ya me he cansado. Todavía guardo los últimos mensajes que nos hemos mandado, tengo dos de tus camperas favoritas guardadas en mi placard (La azul, que te regalé una vez, y la blanca, que la última noche te dije que cuando no la usaras más que me la dieras). No puedo lavarlas porque tienen tu perfume, esa esencia todavía no se fue, a veces huelo para sentir que estás conmigo.
No quiero recordar otra vez ese viernes 15 de marzo, pero me es inevitable. Voy a seguir recordando patente todo lo que ocurrió ese día, desde que te pasó lo que pasó. Al igual que con la abuela, llegó un momento del día en el que me rendí. Sentí que no ibas a aguantar estando vivo. Sentí que te ibas. Yo lo sabía, y eso es lo peor.
A las ocho me enteré de que ya no estabas más (a pesar de que fueron dos horas antes cuando realmente pasó) y en ese momento sentí que mi mundo se hacía pedazos otra vez. Fue un deja vú, ¿sabes? Las llamadas todas seguidas, mi papá en la puerta diciéndome que te fuiste, yo llorando todas las noches, no dormí hasta un tiempo, yo intentando no llorar para que los demás estuvieran bien, aunque el intento fue un fracaso, realmente.
Mi casa se llenó de visitas y yo lo único que quería era estar sola y seguir llorando. Mi mente estaba en otra parte, estaba reviviendo esos momentos que pasamos juntos, como una película. Me dolía pensar que en la noche anterior estaba todo bien, estábamos todos bien, realmente estaba feliz, sentía que todo estaba arreglado.
No fui al velorio, no pude. Pero me enteré de que muchísima gente fue, y es algo que me llena de orgullo. Fuiste querido y eso es lo que me alienta a seguir adelante. No es fácil, pero con el apoyo de todos lo intento.
Al cementerio fui el primer mes. No fui nunca más. Ver la placa con tu nombre es para mí demasiado fuerte, un llamado de atención, diciéndome que no estás. Sé que mi papá va cada vez que puede, y eso me sorprendió. Viniendo de él, realmente me sorprendió, nunca lo vi así. No puedo soportar verlo mal, eso me duele. Me rompe el corazón.
Y no quiero llorar delante de mi mamá o de mi hermano, porque ellos también notan tu ausencia. Yo solo puedo consolarlos, pero nada va a hacerlos sentir mejor. Lo sé porque me pasa lo mismo, aunque muchas veces intento esconderlo.
Y más allá de todo dolor, sé que siempre estarás ahí para acompañarme en cada momento de mi futura vida, y salvándome la vida, como en sueños.
Fuiste una persona excelente. Un gran amigo, un gran compañero, hermano, hermano del alma, hijo, hijo postizo, nieto, TIO… Dejaste una huella muy grande en cada uno de los corazones de las personas que conociste.
Y en el mío, siempre estarás presente.
Quisiera agradecerte por todo. Por tanto y tanto amor. Es muy difícil para mí –y para muchos- decirte adiós.
Pero como dice la canción, no te digo adiós, sino HASTA SIEMPRE.
Te amo con todo mi corazón, siempre lo haré.
Y feliz cumpleaños, donde estés, porque te lo mereces. 

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